02 de enero 2022 , 09:27 p. m.


Sin negar problemas, podemos lograrlo. Está en nuestras manos.

Soy optimista. Sin ingenuidades, entendiendo la inmensidad de los retos y los peligros que enfrentamos y la profundidad de los problemas. Sin negaciones, poniéndoles la cara a las dificultades y con la determinación de superar los obstáculos. Pero soy optimista. Y no digo que nos vaya a quedar fácil. Pero soy optimista.

Veo señales alentadoras de reactivación económica, recuperación del empleo y crecimiento, a las que me referí en extenso en columnas pasadas.

Veo una batería de herramientas de equidad social para irrigar esos beneficios del rebote económico, la reactivación y el nuevo crecimiento hacia los sectores más necesitados, de manera que se puedan corregir los desequilibrios derivados de un viejo modelo en el que las crisis golpean más a los más pobres y las recuperaciones favorecen más a los más ricos.

Veo un compromiso de lucha contra la inflación y aunque no paro de sorprenderme de la lentitud de la junta del Banco de la República, profeso respeto por sus miembros y creo que ya entendieron la gravedad de una inflación fuera de control en este año tan sensible. El Gobierno debe tener cero timidez en materia de control de precios y para ampliar el alcance de su intervención, dentro del marco de la ley, si ello se hace necesario.

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