07 de noviembre 2021 , 09:24 p. m.


No les podemos transferir a los hijos las culpas de sus padres.

No. No hay un error en el título. Tampoco me refiero a Fermina Daza ni a Florentino Ariza. Me refiero, sí, al amor profundo, al amor invencible que es capaz de desafiar adversidades, prejuicios e incomprensiones. Me refiero al amor de Catalina y Jorge.

Y me gusta como lo dice Catalina, la ‘influencer’ uribista, la talentosa ‘youtuber’, la aguda periodista de La W, cuando lo presenta en las redes sociales con la foto de su boda como telón de fondo… “Acá está, es él, no es el hijo de, es Jorge Suárez y es el amor de mi vida… lo amo y me ama y eso es todo”.

Que amar es para valientes es lo que decía un gigantesco tablero redondo en el recinto nupcial, iluminado en los bordes y rodeado de pétalos de rosa. Y es la verdad. Se requiere mucha valentía para desafiar este terco y maledicente qué dirán que nos azota en Colombia.

El amor de Catalina y Jorge está inscrito en un entorno insospechado, rodeado de elementos complejos, como la siniestra historia de horror del ‘Mono Jojoy’ o la coincidencia en la misma fecha de cumpleaños y en la misma nota de las primeras canciones, en esta sociedad en los tiempos de la cólera, de los odios, del acuerdo traicionado por las Farc, de la JEP que no arranca, del Estado que responde a medias, de la campaña política que se avecina, de la justicia que no llega, la desigualdad que crece y la pobreza que aumenta. Sin embargo, lejos de ser una historia de ficción es un poderoso amor de verdad, de los que estremecen y retumban.

Catalina es clara. En una respuesta en redes sociales lo dice sin rodeos: “Sí, mis hijos siempre sabrán toda la verdad porque creo que trabajar en la memoria es lo que construye bases sólidas en verdad y lo que hace que jamás se repita lo mismo”.

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