12 de mayo 2019 , 10:44 p.m

Urge abrir en Colombia oficina de denuncias que pide el Papa.

Los trámites para abrir la primera oficina que reciba denuncias por pederastia sacerdotal en Colombia deberían iniciarse ya. Inmediatamente. Es cuestión de ganas y voluntad de las autoridades eclesiásticas dar cumplimiento a la voluntad y a las órdenes del papa Francisco.

El nuevo ‘motu proprio’ del sumo pontífice ‘Vos estis lux mundi’ (Ustedes son la luz del mundo) obliga a los sacerdotes, religiosos y monjas a denunciar a sus superiores todos los episodios de abusos de los que tengan conocimiento y simultáneamente obliga al episcopado colombiano y a todos los epicospados del mundo a tener abierta, en un plazo máximo de un año, hasta junio de 2020, una oficina especial dedicada a recibir y tramitar todas las denuncias contra religiosos acusados de delitos sexuales y a brindar apoyo a sus víctimas.

Las generalizaciones son injustas y dañinas. Y, en este caso, peor. Resulta dramático el manejo complaciente, tolerante y cómplice que en muchos casos, la Iglesia les ha dado a criminales con sotana, monstruos depredadores de niños, sádicos crueles, depravados y degenerados. Y, como la Iglesia ha tardado tanto en reaccionar y hasta ahora parece que se hubiera puesto más del lado de los victimarios que del de las víctimas, las instrucciones que afortunadamente ha impartido Francisco aparecen en un momento crucial para la Iglesia.

Este ‘motu proprio’ del Papa no solo les hace justicia a los centenares de miles de víctimas de abusos sexuales que en el mundo habrá, sino que además protege la honra de la inmensa mayoría de sacerdotes probos, inmaculados y buenos. Ellos, todos ellos, deben constituirse en un colectivo que en el interior de la Iglesia presione por la pronta y cumplida ejecución de la instrucción papal.

Qué importante, cardenal Salazar, que el episcopado colombiano fuera el primero en el mundo en decirle al Papa que la oficina de este país ya está lista para recibir las denuncias, iniciar los trámites y apoyar a las víctimas. Qué deplorable, cardenal Salazar, que el episcopado colombiano esperara con desdén, desánimo e indiferencia hasta junio del año entrante para abrir la oficina.

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