24 de agosto 2020 , 12:30 a.m.

El empresariado requiere apoyo contundente e inmediato.

Las cifras de desempleo y caída de la economía equivalen a meterles un alarido a las autoridades económicas para que reaccionen y peguen un timonazo drástico e inmediato para apoyar a las empresas y a la base productiva del país. Lo que se ha hecho hasta ahora, de buena fe, luce, sin embargo, tímido e insuficiente. 

Respecto a la junta del Banco de la República, por ejemplo, no creo que quepan acusaciones de corrupción frente a la inoportuna venta de oro. No tengo duda acerca de la honorabilidad de los miembros. Ha quedado al descubierto, sí, una cierta opacidad sobre la forma como se adoptan esas decisiones. Hay que trabajar en eso.

Pero si algún juicio cabe a la junta del Banco de la República no es por malvender el oro o por venderlo en el momento equivocado, así el tamaño de la pérdida calculada estremezca. El juicio que cabe es el de la lentitud de sus respuestas. El del paso de tortuga para reducir la tasa de interés. El de la paquidermia cuando se necesitaban reflejos inmediatos. El de la indolencia sobre las tasas de interés que siguen por los cielos, a pesar de todo. 

Y, en conjunto, las autoridades económicas se equivocaron gravemente al creer que era conveniente poner casi todos los huevos de la liquidez empresarial en la canasta de las garantías, ignorando el ADN de un sistema financiero que no estaba dispuesto a apostar en la ruleta de coberturas insuficientes en momentos de volatilidad, incertidumbre e inestabilidad.

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