28 de agosto 2017 , 12:53 a.m.

Que conste que a mí, en principio, me parece buena noticia que las Farc quieran conformar un partido político en vez de seguir matando colombianos, narcotraficando, en la minería ilegal y reclutando menores. Y que conste, también, que me parece sensato que se les brinden oportunidades razonables de participación política. Basta ver los rostros de la inmensa mayoría de los muchachos que estaban en las Farc y que ahora se han desmovilizado para entender que merecen una segunda oportunidad de vida.

Pero sin antes haberse sometido a la justicia, las personas responsables de crímenes de lesa humanidad no deberían estar haciendo política, burlándose de la Constitución de Colombia, de los tratados internacionales, del Estatuto de Roma, de la Corte Penal Internacional, de los mismos acuerdos de paz y de la palabra tantas veces comprometida y tantas veces incumplida de Juan Manuel Santos.

No comparto que ese proceso habilite por igual a quienes son responsables de crímenes de lesa humanidad y a quienes no lo son antes de que pasen por la justicia. La decisión categórica de la humanidad al aprobar el Estatuto de Roma fue identificar unas conductas tan abominables, tan atroces, tan crueles, tan sanguinarias, que sus autores no quedaran en la impunidad en ningún rincón de la tierra.

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