07 de marzo 2021 , 11:49 p. m.


El Gobierno debería recibir el apoyo que le ofrece el sector privado.


Francamente no tiene sentido que en el futuro inmediato, una vez evacuada completamente la fase uno del Plan Nacional de Vacunación, se impida que el sector privado concurra para agilizar la inmunización de los colombianos.

Es cierto que desde una perspectiva ética y de equidad, ante un panorama de vacunas escasas, los Estados tenían que garantizar que las primeras vacunas se aplicaran al personal médico y a los adultos mayores, y ello exigía un control total por parte del Gobierno, es decir, mantener la rienda en el monopolio del suministro de vacunas para los colombianos. Pero, una vez vacunados los ciudadanos priorizados en la primera fase, bien se puede abrir la puerta para la participación de los privados en este proceso crucial para Colombia.

En efecto, habría resultado inadmisible que antes que los médicos y los mayores de 80 años, personas con alta capacidad adquisitiva se hubieran empezado a vacunar. Eso ya no ocurrió. De aquí en adelante, el Plan Nacional de Vacunación debe abordarse no solamente desde la perspectiva exclusiva del sector salud, sino que se debe entender como una herramienta indispensable para lograr la plena reactivación productiva del país, la recuperación de la economía y la reducción del desempleo.

Permitir que el sector privado participe ahora, como lo vienen solicitando diferentes voces desde el sector productivo, desde la Andi, o desde distintos estamentos representativos de la sociedad colombiana, además de los beneficios anteriores, aliviaría considerablemente la carga financiera y el impacto presupuestal que implica este plan. Así, una parte de los costos que genera este plan podrían ser sufragados por el sector privado.

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