10 de marzo 2019 , 11:57 p.m.

Ha de ser Bogotá el nuevo paraíso turístico de los habitantes de otros planetas, galaxias y sistemas solares, a juzgar por la reiterada aparición de ovnis en los últimos días.

Y gran orgullo deben sentir los habitantes de la capital, pues el prestigio intersideral de El Dorado lo ha convertido en el lugar favorito para el aterrizaje de estas misteriosas naves que están marcando hitos en la historia del diseño de vehículos intergalácticos.

En aras del equilibrio, hay que advertir que este columnista aún no dispone de suficientes elementos de juicio para establecer si este fue un logro de la Bogotá Humana o si, por el contrario, los alienígenas vienen motivados por el interés de replicar el TransMilenio en alguno de sus planetas donde ya han colapsado los sistemas tradicionales de transporte masivo de alienígenas. 

Lo cierto es que hace cuatro días ingresó al planeta Tierra el más sorprendente ovni avistado en varios milenios y que paralizó la operación aeroportuaria de El Dorado en la hora pico de llegada y salida de vuelos, tras haber superado, gracias a sus avanzados sistemas de navegación, los cielos altamente contaminados de Kennedy, Engativá y Fontibón en Bogotá. Al parecer, es más difícil para un ovni ingresar por ese corredor de neblina densa y gris que sortear una lluvia de asteroides. 

Y digo que es el más sorprendente ovni de todos los avistados en la historia de la humanidad, pues no solo desarrolló un sistema autoinmune para que no lo afecte el diésel evaporado los días que no hay pico y placa, sino que posee un enigmático sistema de mutación robótica que le permite aparecer en forma de dron y desaparecer en forma de bomba de helio. 

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