05 de junio 2017 , 12:15 a.m.

No deje que nadie la presione ni le ponga rótulos. Sus fallos hablarán por usted.

Honorable Magistrada:

En primer término permítame felicitarla por su elección como magistrada de la Corte Constitucional. Es, sin duda, un honor inmenso y una responsabilidad colosal.

Muy injustas con su trayectoria humana y profesional resultaron las acusaciones, motivadas por un trino de su propio jefe de debate, Armando Benedetti, según las cuales usted es una magistrada ‘fariana’. Su trayectoria como abogada, politóloga, servidora pública y madre es limpia. Bien dijo usted que su hoja de vida equilibra el derecho y la ciencia política con una amplia trayectoria de servicio público, fundamental para la ponderación de un juez constitucional.

Cuando mi generación soñaba con redimir el país con las nuevas herramientas contempladas en la Constitución de 1991, usted ya estaba en la primera línea de su defensa. Incluso desde antes. Recuerdo el seguimiento cuidadoso que hicieron con Manuel José Cepeda a todo el proceso constituyente. Cuando fue ternada por la Corte, en una de las mejores ternas recientes, repasé su itinerario. Ciertamente, en sus propias palabras, ha acumulado usted una experiencia intensa, variada y pertinente para la magistratura.
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