Mayo 09 de 2021


Para el avance del diálogo nacional es imperativo desactivar la violencia callejera y en carreteras.


Alguna extraña alteración de las dinámicas sociales está impidiendo diferenciar entre el legítimo diálogo con quienes quieren tramitar pacíficamente sus propuestas, inconformidades o proyectos y quienes acuden criminalmente al vandalismo, a la violencia o a las vías de hecho. No. No son lo mismo, ni pueden confundirse ni pueden recibir el mismo tratamiento. La sensibilidad y la disposición para un diálogo respetuoso no pueden derivar en la calle en la anarquía, la violencia, el desabastecimiento y la muerte en noches y días de terror.

Un gobierno con sensibilidad social no puede ser sinónimo de un gobierno débil que tolere la violencia y la anarquía callejera, como pretenden algunos. Una sociedad que clama para que no haya excesos de fuerza policial debe clamar también para que se respeten la vida y la integridad de policías y soldados. Los diálogos deben avanzar y las vías de hecho deben cesar de inmediato.

Muchos funcionarios de las distintas ramas han sido desganados para el diálogo social. A esos funcionarios les gusta el diálogo entre pares, con los poderosos, así sean congresistas o comandantes guerrilleros, pero les cuesta trabajo el diálogo popular, paciente, metódico, respetuoso, constante.

Por lo general, esos funcionarios viven de afán y la cuerda para el diálogo popular les alcanza hasta que los reporteros de los noticieros tienen prendidas las cámaras. Cuando las apagan, ellos también se van y dejan a la gente viendo un chispero, en manos de funcionarios sin ninguna capacidad de acción o decisión. La parte que les gusta del diálogo popular es cuando ellos hablan, pero parece que les atacara la piquiña cuando se trata de oír a la gente.

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