abril 04 de 2021


Lo vivido en Arauquita prueba que el régimen venezolano se la jugó por sus aliados criminales.


Entre el extraño receso de Semana Santa con cara de tercer pico y los perturbadores aromas de la reforma tributaria que se está cocinando, para muchos ha pasado relativamente inadvertida la catástrofe humanitaria que ha ocurrido en la frontera colombo-venezolana.

Se calcula que más de 5.000 personas han salido huyendo de Venezuela, desde el estado Apure, y han ingresado a Colombia por Arauca, procurando salvar sus vidas ante los bombardeos y el brutal accionar de militares venezolanos contra los pobladores de la zona.

El sorpresivo accionar de la Guardia venezolana, habituada a tolerar que guerrilleros y narcos que operan en Colombia se paseen como Pedro por su casa en territorio venezolano, tomó desprevenida a la población civil. A fin de cuentas, ellos estaban acostumbrados a que en Venezuela fueran recibidos como héroes, los más tenebrosos capos de las guerrillas y las mafias colombianas. Entonces… ¿qué pasó?

¿Acaso le entró un repentino sentimiento de culpa al tirano y decidió contener la expansión del narco, del que tanto se han lucrado desde el ‘cartel de los Soles’? ¿Acaso rompió con el ‘cartel de los Soles’ y, tocado por las reflexiones eucarísticas de Semana Santa, procura deslindarse del narco como política de Estado?

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