22 de septiembre 2019 , 10:44 p.m.

El Estado debe dejar de acosar y asfixiar a quienes quieren trabajar honradamente.

Clamor, exigencia, reclamo, todo eso entraña la voz de quienes quieren hacer empresa en Colombia pero se estrellan contra muros de indolencia, tramitomanía y burocracia, y repiten, a modo de letanía y mantra, dejen trabajar, dejen trabajar, dejen trabajar.

En efecto, eso fue lo que ocurrió en la exitosa asamblea anual de Fenalco, ‘La fuerza que une’, el gremio más grande de Colombia en número de afiliados, que sesionó hace tres días en esperanzadoras jornadas en Neiva, con la presencia de todos sus capítulos que cubren la plenitud de la geografía nacional y abarcan desde el más modesto tendero hasta las grandes superficies en varias decenas de sectores que representan todos los productos y servicios que los seres humanos consumen desde que nacen hasta que mueren. 

Los comerciantes colombianos, con su testimonio de lucha, optimismo y perseverancia, constituyen un motor de progreso, bienestar y crecimiento de Colombia. Sin importar qué tan duras sean las tempestades, cada mañana abren sus establecimientos al público y sacan a relucir todas sus virtudes. Pero desde hace mucho tiempo vienen agobiados con una catarata creciente de exigencias absurdas, requerimientos, formularios, declaraciones, impuestos, contribuciones, tasas, pagos y trámites que los agobian y los azotan.

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