02 de septiembre 2018 , 11:21 p.m.

Aunque la cosa está muy difícil, Duque ha cumplido sus promesas.

1. Duque es Duque y Uribe es Uribe. Sin traicionar ni maltratar al expresidente Uribe, ni abandonar los postulados de campaña, el presidente Duque ha demostrado que no es ni títere ni traidor. Ha quedado claro que quien gobierna es Iván Duque.

2. El Gobierno no es solo el Centro Democrático. Aunque está evidente que el Centro Democrático es el partido principal de gobierno y el de los afectos del Presidente, también está claro que la dinámica del gobierno es distinta a la del Centro Democrático y que el Presidente no montó un gobierno de partido, por el bien del Gobierno, de su propia colectividad y de nuestro país. La actitud de Duque sobre la consulta anticorrupción y su liderazgo posterior así lo prueban.

3. El Gobierno es el Gobierno y el Congreso es el Congreso. Cero ‘mermelada’. Valiente postura que implicó una ruptura frente a fábrica de torcidos que venía ejecutándose a partir del contubernio para comprar mayorías parlamentarias. Los aplausos de hoy tendremos que convertirlos en respaldos decididos de opinión pública si en unos meses llegan las extorsiones para destrabar agenda legislativa y proyectos claves del Gobierno.

4. La olla quedó totalmente raspada. El presupuesto general de la nación quedó billonariamente desfinanciado, amenazando la inversión social, la lucha contra la pobreza y la protección ambiental. Las finanzas públicas se recibieron mucho peor de lo que nos habían dicho en el gobierno pasado.

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