04 de noviembre 2018 , 11:21 p.m.
¿Por qué siguen vendiendo combustibles sin control en las narcozonas?
‘Estrategia disruptiva contra el narco’ se llama el último documento de la Fiscalía para enfrentar la tenebrosa herencia de cultivos ilícitos que recibió Duque. El documento confirma los datos del censo del Simci, que revela un aumento de los cultivos de coca de 54 por ciento en los últimos dos años, pasando de 96.000 hectáreas en 2015 a 171.000 en 2017, no obstante las 51.000 hectáreas erradicadas ese año.

A partir de esos datos, el valor potencial de la economía criminal debido a la producción de hoja de coca se estima para el 2017 en la astronómica cifra de 6,24 billones de pesos y se advierte que a menos que se intervenga con una estrategia disruptiva, el área con cultivos ilegales continuará aumentando al igual que los rendimientos de alcaloide por hectárea. Si hoy nadamos en coca y no se cambia la estrategia, mañana el país naufragará en estas aguas criminales.

La postura de la Fiscalía es clara: “Si bien la erradicación debe ser punto central de la estrategia, la misma debe comprender trabajos científicos disruptivos que mermen los aumentos de productividad que han obtenido los narcotraficantes en los últimos años, alentando esfuerzos investigativos que, a partir del conocimiento del genoma de la planta, permitan avanzar en el desarrollo de inhibidores del alcaloide de cocaína en la planta de coca…”.

A todo lo anterior se suma un creciente incremento de las plantaciones de marihuana ‘creepy’, 98 por ciento de los cuales se ubican en el Cauca y en resguardos indígenas –dice la Fiscalía– con difícil control y acceso para el Estado. Se han identificado al menos 249 infraestructuras bajo techo, es decir invernaderos de marihuana, sobre todo en cuatro municipios: Miranda, Corinto, Caloto y Toribío.

Las imágenes son impresionantes. A primera vista parecen invernaderos de flores, iluminados sin pudor y visibles para toda la comunidad. Por eso, la Fiscalía propuso racionamientos controlados de energía en las zonas de invernaderos, así como controlar o restringir la venta de plantas eléctricas en estas áreas.

Y en mi opinión, uno de los temas más críticos en esta dolorosa senda que ha vuelto a llevar a Colombia a los tops más deshonrosos del narcotráfico mundial es que los grandes complejos de producción que habían tendido a desaparecer, por falta de materia prima para su funcionamiento, han comenzado a resurgir por el aumento de los cultivos ilícitos.

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