17 de noviembre 2019 , 10:48 p.m.

Marchantes y no marchantes, todos, debemos cerrar filas contra los vándalos, vengan de donde vengan.

Iván Duque no había terminado de decir “Sí, juro” el 7 de agosto de 2018, cuando ya estaban convocando la primera protesta social contra su gobierno. Y no había pasado el primer semestre cuando los estudiantes convocaron una de las más largas movilizaciones estudiantiles de la historia, que se sumó a una temprana y compleja minga indígena. Uno y otra llegaban con el largo listado de sobregiros y promesas incumplidas que les había dejado de herencia el gobierno anterior.

A sabiendas de que muchos de los reclamos estaban justificados por un rosario de incumplimientos previos del Estado, aun cuando no fueran atribuibles al gobierno que apenas estaba sentándose, el presidente Duque optó por el más largo y el más responsable de los caminos. Abrir diálogo, consultar posibilidades fiscales y tejer acuerdos cumplibles y responsables.

Si algo ha quedado claro en estos 15 meses de gobierno es que Duque es un hombre cauteloso a la hora de hacer promesas y honrado de palabra y acción. Se equivocan quienes confunden prudencia con debilidad o quienes olvidan que la responsabilidad del gobernante no es la de salir a las carreras a apagar un incendio de coyuntura, sino la de resolver las causas estructurales que originaron el fuego.

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