17 de abril 2017 , 01:53 a.m.

Cuando finalmente Trump reciba a Santos, estarán todas las cartas sobre la mesa.

La postura vacilante del gobierno Santos frente a la dictadura venezolana, el megaincremento de los cultivos ilícitos en Colombia, las entretelas de las relaciones referidas en años anteriores entre las Farc, el cartel de los soles de Venezuela y algunos de los más siniestros carteles mexicanos, a su turno vinculados con peligrosas organizaciones terroristas internacionales, deben generar inquietud en la Casa Blanca y la Secretaría de Estado en los tiempos de Donald Trump.

Por otra parte, la actitud silente del Gobierno colombiano ante la persistencia en las violaciones de derechos humanos y restricciones democráticas en Cuba –motivada por la hospitalidad que el régimen castrista brindó a los diálogos de paz– le ha ido granjeando una creciente antipatía a Santos entre los sectores fuertes del exilio cubano en la Florida, que fue tan importante en la victoria de Trump sobre Hillary en uno de los más difíciles Estados del complejo ajedrez político gringo.
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