11 de agosto 2019 , 11:55 p.m.

El nuevo ministerio es de los deportistas y no de los políticos ni de los burócratas.

La cosa es así: el 7 de agosto, el epicentro de la unidad de todos los colombianos se trasladó a Zipaquirá, en la gigantesca convocatoria alrededor de Egan Bernal.

Al final de la jornada bicentenaria contrastaban un puñado de embajadores e invitados especiales tiritando del frío y con los labios morados en el puente de Boyacá y una plaza de Zipa colmada por una multitud jubilosa aclamando al gran Egan.

Lo que eso refleja, más allá de confirmar que necesitamos retomar con entusiasmo la enseñanza de nuestra historia de Colombia en escuelas, colegios y universidades, es que hoy por hoy, el deporte se ha convertido en el aglutinante nacional más importante.

En Colombia, el deporte dejó de ser un asunto marginal de segunda categoría en la agenda pública para convertirse en una mezcla de pasión y anhelo que cada día reclama más atención, demanda mayor apoyo y exige mejores respuestas del Estado y el sector privado.

Ahí está Egan. Y con él, decenas de deportistas de talla global, los campeones Cabal y Farah, Caterine Ibargüen, Mariana Pajón, Nairo Quintana, Rigo, el Chavito, ‘Supermán’ López; James, Falcao, nuestros cracs de la Selección; la poderosa selección femenina, medallistas de oro, medallistas olímpicos, panamericanos y bolivarianos.

Medallistas acuáticos y subacuáticos, individuales, por equipos, patinadores, pesistas, boxeadores, luchadores, voleibolistas, atletas, gimnastas y el colosal Urshela, un fuera de serie que se ha convertido en el fenómeno de la temporada en Estados Unidos, ídolo ya en el Yankee Stadium de Nueva York, entre otros.

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