14 de marzo 2021 , 11:59 p. m.

La defensa firme de la empresa privada es indispensable para el futuro del país.


La empresa privada es la base del desarrollo. La iniciativa privada es libre dentro de los límites del bien común. El Estado estimulará el desarrollo empresarial. El Estado impedirá que se obstruya o se restrinja la libertad económica. La libre competencia económica es un derecho de todos que supone responsabilidades.

Eso, todo eso, y mucho más dice el fundamental artículo 333 de la Constitución Nacional, piedra angular de la sociedad colombiana, del desarrollo, del crecimiento, del progreso y de la generación de empleo, hoy en la mira de aquellos admiradores y amigos de los regímenes de Cuba o Venezuela que pretenden que sean las entidades públicas, a punta de subsidios y migajas de limosna adictiva para los votantes más vulnerables, las que jalonen el desarrollo nacional.

Dos modelos económicos opuestos se disputan voto a voto el control de los países de nuestra América, y más allá de la retórica de las campañas, la publicidad electoral, las proclamas de promoción y las promesas de ocasión, se ha venido abriendo campo una peligrosa artillería orientada a socavar la iniciativa privada, la libre empresa y la libre competencia, que pasa por volver pecaminoso el éxito empresarial, por satanizar a los empresarios que triunfan y por sembrar odios indiscriminados contra aquellos que a punta de esfuerzos logran sacar adelante sus emprendimientos y sus empresas.

Muchos empresarios venezolanos que fueron indiferentes frente a lo que ocurría políticamente en su país con el fortalecimiento electoral de proyectos antiempresa se quedaron sin empresa… y se quedaron sin país. Buena parte de la clase empresarial venezolana que jalonaba el progreso, que creaba empleo, que pagaba impuestos fue sustituida por estatizadores que poco a poco fueron minando la base productiva del país hasta destruirla.

Leer más

Recommend to friends
  • gplus
  • pinterest

Leave a comment