10 de febrero 2019 , 11:46 p.m.

Nuestra política exterior debe estar alejada de cálculos electorales.

Carlos Holmes Trujillo tiene todo el derecho a aspirar a la presidencia en el 2022. Tiene ganas, trayectoria y capacidades. Pero le hace daño al gobierno del presidente Iván Duque que cuando han transcurrido escasos seis meses de mandato ya esté pensando en votos, candidaturas y tarjetones.

La compleja situación que enfrenta Colombia con Venezuela exige que su política exterior sea convocante, articuladora y que propenda por la unidad de la nación ante una eventual amenaza externa derivada de un dictador armado, despiadado y acorralado. El Canciller no debería estar haciendo cálculos electorales ni midiendo, en términos de respaldos futuros, el impacto de sus acciones desde el Palacio de San Carlos.

Al tema de Venezuela aún le faltan los capítulos más complejos del desenlace. Al manejo de la relación con Trump le esperan sensibles desafíos. El Canciller no debería estar tramitando una candidatura a título personal cuando más se requiere de su capacidad para convocar, para unificar a Colombia ante la amenaza externa, cuando tiene que estar pensando en el país y no en su futuro político. La sola sospecha de que el diseño de la política exterior del gobierno Duque está orientada o influida por el interés político de un candidato es catastrófica para el Gobierno. 

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