24 de abril 2017 , 12:56 a.m.

Nada es más peligroso para Colombia que un vecino dictador, tirano, violento e impredecible.

Como si un repentino corrientazo derivado de las últimas encuestas lo hubiera estremecido, el Presidente de la República en los últimos días ha exhibido una actitud dinámica y proactiva poco usual en su gobierno. Reaccionando con prontitud, ha cambiado, en forma y fondo, algunas líneas gruesas de una administración que, a juzgar por las encuestas, tiene fatigados y desesperados a cerca del 80 % de los colombianos por causa del rosario de promesas incumplidas, el exceso de anuncios, la ineptitud de muchos funcionarios y la inacción en muchos frentes críticos.

Sin entrar en el debate sobre los errores de diseño de la Unidad de Gestión de Riesgo, que no ha sido capaz de gestionar adecuadamente el riesgo, convirtiéndose en una simple oficina de atención de emergencias, lo cierto es que ante la tragedia de Mocoa hemos visto a un Presidente activo que se abstiene de repetir su habitual error de aparecer el primer día, crear varias comisiones, hacer un discurso flojo ayudado por un predecible ‘teleprompter’ e iniciar una cadena estéril de delegaciones que terminan con una lavada de manos generalizada, los problemas sin resolver y con las víctimas viendo un chispero.

 

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