09 de agosto 2021 , 12:00 a. m.


El que no se quiera vacunar que no se vacune, pero debe entender que le puede acarrear limitaciones.


¿Debería el mundo ser el mismo para vacunados y no vacunados? Amplio debate, en el que más allá de los argumentos jurídicos, médicos, religiosos y éticos que se han esgrimido de lado y lado, ya la realidad tomó partido y los hechos empezaron a galopar. Habrá un mundo para vacunados distinto de aquel de los no vacunados. Aunque subsisten los debates, hoy entra a regir el pasaporte sanitario en Francia.

En Colombia, el Gobierno estudia el pasaporte covid digital y espera adelantar un piloto antes de terminar este mes a partir de descargas en Coronapp. Aunque en muchos países, como en Colombia, las normas de mayor jerarquía impidan la vacunación obligatoria, tales normas no impiden que se establezcan algunas limitaciones para los no vacunados frente a actividades que impliquen contacto con sus conciudadanos.

El que no se quiera vacunar que no se vacune. Pero debe entender que, además de los peligros que pueden atentar contra su vida, su salud y las de sus seres amados, esa circunstancia le puede acarrear limitaciones a la hora de asistir a lugares de alta afluencia de público como conciertos, restaurantes, bares, tiendas, cine, centros comerciales, bancos e incluso –y entiendo lo intenso de la controversia– dependencias de atención y servicio al público.

Toda forma de discriminación está prohibida por ley en Colombia, lo cual incluye a los no vacunados. Pero establecer, con respaldo constitucional en la protección de derechos fundamentales como la vida y la salud, unos prerrequisitos para habilitar ingresos a lugares de concurrencia masiva es legal. El bienestar colectivo prima.

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