14 de agosto 2017 , 02:01 a.m.

El proceso de aprobación presupuestal parece una farsa que incuba corrupción.

La aprobación del Presupuesto General de la Nación se ha convertido en el mejor retrato de un sistema político pestilente impulsado por una cleptocracia que va cambiando de color al compás de ministerios que se acostumbraron a alimentar pirañas insaciables y de piruetas insólitas para mantener condiciones extorsivas rentables en cabeza de las mayorías que controlan las comisiones económicas del Congreso y las plenarias.

Todo lo peor de la clase política aflora a la hora de aprobar el Presupuesto, siguiendo la batuta del Ministerio de Hacienda de turno. Benévolo y equivocado resulta asociar con la ‘mermelada’ dulce esta amarga robadera de la plata de los impuestos que con enorme esfuerzo y sacrificio pagan los contribuyentes.

Tan pronto llega el proyecto de Presupuesto al Congreso lo secuestran en las comisiones económicas. Aunque hay excepciones virtuosas, en términos generales, so pretexto de introducir unos ajustes, lo que ahí opera es una manada feroz que ante las cámaras escuchan peticiones en audiencias y luego, a oscuras, cámaras fuera, se reúnen en sesiones cerradas y encerradas con el ministerio de la plata para “balancear” el presupuesto. La farsa continúa y en el Ministerio juegan tire y afloje con caleticas de billete que se reservan para soltarles progresivamente a las fieras.
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