17 de marzo 2019 , 11:48 p.m.

Gobierno y Congreso deben resolver necesidades de la gente y superar tanta pelea estéril.

Cargados de tigre, iniciando campañas locales, con la vía Panamericana bloqueada y la minga indígena en curso; con la crisis de Maduro con su régimen agonizante, que no puede vivir pero tampoco muere, y en medio de un estado de crispación generado por un sobredimensionamiento del impacto de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP, regresan los congresistas a sus sesiones ordinarias.

Es un Congreso pendular que va de un lado para el otro, sin bloques consolidados, conformando cada mañana mayorías circunstanciales y volátiles para cada proyecto, para cada proposición, para cada debate, producto de que ni el Gobierno ni la oposición lograron mayorías propias y cada votación depende de las posturas que adopten los partidos que se declararon independientes, como ‘la U’, Cambio Radical y el Partido Liberal, los cuales, para acabar de complicar la situación, enfrentan graves divisiones internas entre colaboracionistas y antigobiernistas.

Y pinta duro este período de sesiones, pues es muy corto, escasos tres meses; hay tarjetones a la vista, y la mayoría de los congresistas se juegan su pellejo político en los pueblos, barrios y veredas; hay decenas de proyectos de iniciativa parlamentaria represados, infinidad de debates ‘in pectore’, un confuso Plan de Desarrollo en trámite y una papa caliente que remueve muchas pasiones en curso, a partir de la necesidad de tramitar las objeciones presidenciales con prontitud.

La ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, tiene conocimiento profundo del Congreso y es una mujer laboriosa que viene haciendo un esfuerzo grande para cumplir con una tarea difícil. Pero la han dejado bastante sola. Muchos de sus ministros colegas brillan por su ausencia a la hora de poner el pecho, defender al Presidente y al Gobierno y levantar la voz por sus proyectos y políticas sectoriales. Les encanta salir en las fotos en los días de sol, pero cuando arranca la tempestad se esconden temerosos.

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