10 de noviembre 2019 , 10:09 p.m.

No es hora de jugar con candela, pero sí de enfrentar a los instigadores del vandalismo.

Frenéticos, algunos congresistas ya andan recogiendo firmas para llevarse otros ministros después de la dimisión de Guillermo Botero. Saben que pueden reunirlas y saben también que tienen los votos para seguir descabezando ministros y así profundizar una crisis, de manera que logren acorralar a Duque para que cambie su planteamiento político y les ofrezca participación, cargos, cuotas, ‘mermelada’ y presupuesto.

Habrá, claro está, algunos parlamentarios que sustenten sus votos contra los ministros en respetables reflexiones sectoriales. No lo dudo. Pero el grueso de esa fábrica de diatribas contra el Gobierno lo que en el fondo expresa es una mezcla de resentimientos y apetitos que no logran disimular con su impostado discurso de arengadores de pacotilla.

Los resentimientos provienen de haber encontrado una muralla que se ha negado a repartir ‘mermelada’ a cambio de aprobaciones legislativas y salvavidas ministeriales, en contraste con el sistema oprobioso que venía instalado en el Congreso para gozo y lucro de muchos parlamentarios y para desgracia de la ciudadanía y los contribuyentes.

Y es que son sus bolsillos los que hablan por tantos de ellos con el lenguaje desvergonzado de la codicia. Aunque algunos, muy habilidosos, han logrado dejar sus fichas instaladas en muchos cargos públicos valiéndose de la ingenuidad de algunos ministros al compás de un extraño ritmo que retumba entre la seducción y la extorsión, la rentabilidad criminal de la inversión que hicieron en sus campañas se ha visto sensiblemente deteriorada.

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