02 de diciembre 2018 , 11:32 p.m.

Solo hay un camino: tolerancia cero con el narcotráfico.

Han pasado 25 años desde que el tenebroso criminal fue abatido. Y en materia de narcotráfico, Colombia hoy está peor que entonces. Parecen precarios los avances en la lucha contra el narcotráfico y los narcotraficantes. Las sumas multimillonarias invertidas en esta lucha parecen dilapidadas, mientras los cultivos ilícitos campean en decenas de miles de hectáreas.

Y es que el asunto no se agota en algunos comandantes y frentes de las Farc ni en la extradición de Santrich. La agenda colombiana con el narco fortalecido está narcotizada en grado extremo. Basta como ejemplo mirar EL TIEMPO de ayer. Página 1.4: en el centro del escándalo del día irrumpe el abogado Abelardo de la Espriella, quien “asegura que el donante del dinero entregado a Petro es el extraditado narcotraficante Daniel ‘Loco’ Barrera, que supuestamente buscaba ambientar una ley de sometimiento en el Congreso”.

Página 1.5: la ministra del Interior explica por qué en su concepto se requiere la financiación estatal total para que las campañas sean más económicas y transparentes (procurando superar el régimen permeado por dineros del narco y la corrupción). Página 1.8: la nota sobre la presencia del Presidente colombiano en la posesión de López Obrador (manchada por la asistencia del tirano vecino) se refiere, exclusivamente, al diálogo de Duque con el ‘vice’ gringo, Mike Pence, y se resalta únicamente la lucha antinarcóticos.

Y sigue. Página 1.11, dedicada toda a la fumigación de cultivos ilícitos, se titula ‘Drones no fumigan coca con la rapidez esperada’ y dice que el gobernador Pérez considera que el plan piloto con drones no llenó las expectativas y propone compra de helicópteros para fumigación. Página 1.15 trae una historia sobre el abad Elkin Vélez y su cruzada contra el narcoturismo. Y, para citar el último ejemplo, la página 1.17 está toda dedicada a un informe de la Unidad Investigativa que termina por poner en letras de molde lo que es una triste realidad a ojos vista de muchos bogotanos: ‘Capos del Valle se pasean en blindadas por Bogotá’.

No hemos aprendido las lecciones derivadas de los asesinatos de Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Guillermo Cano, Enrique Low, miles de policías, soldados y periodistas, los magistrados Zuluaga, Baquero, Valencia, el periodista Pulido, el coronel Valdemar Franklin Quintero y 5.000 personas más. Si bien es cierto que ningún criminal emula individualmente con su crueldad y ninguno ha vuelto a tener su asesina notoriedad, hoy las organizaciones narcotraficantes de distinto calibre y con diferentes ropajes y denominaciones han multiplicado sus tentáculos y siguen azotando toda la sociedad colombiana.

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