29 de noviembre 2020 , 10:41 p. m.


A este paso se van a multiplicar la compra de votos y el fraude electoral.


Ocupándose de lo divino y lo humano a lo largo de un farragoso articulado, lleno de incisos y numerales, galopa el proyecto del nuevo código electoral colombiano entre pupitrazos virtuales y muñequeos presenciales, dejando intactos los caminos que hoy permiten comprar votos, pervertir con dinero en efectivo el sistema electoral y distorsionar la voluntad popular mientras se abren nuevas autopistas hacia el fraude electoral.


Sorprende que el Gobierno Nacional, que ha mantenido un discurso muy elocuente frente a la lucha anticorrupción, ante este proyecto haya guardado sepulcral silencio. Tengo la esperanza de que ese silencio se rompa para dejarle claro a la opinión pública que le parece inaceptable que se borren de un tajo las inhabilidades derivadas de sanciones disciplinarias impuestas por la Procuraduría a funcionarios corruptos o negligentes. El propio procurador Fernando Carrillo es quien ha hecho la denuncia.

Y si de denuncias se trata, también sorprende el silencio del Gobierno ante la gravedad de lo planteado en materia de corrupción por Germán Vargas Lleras en estas mismas páginas el día de ayer. Ni el Gobierno ni el señor Registrador pueden pasar de agache ante semejantes denuncias.

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