04 de septiembre 2017 , 01:30 a.m.
El inocultable empeño del Gobierno de apropiarse con fines políticos de la visita papal y mejorar su maltrecha popularidad, induciendo a lecturas equivocadas sobre su doctrina y manejando los espacios oficiales con mezquinas exclusiones y a punta de roscas palaciegas, alejadas por completo de la reconciliación que tanto pregonan, ha generado, entre otros efectos, una insuficiente comprensión del alcance de la visita.

Afortunadamente, en contraste, hermosos testimonios, respetuosos, ponderados y eruditos, como el del nuncio apostólico en Colombia, Ettore Balestrero, han tenido inmenso valor espiritual para orientar a este pueblo bueno, que aguarda amoroso a Francisco con sincera devoción, con sincera ilusión y con sincera alegría.

Así, una de las más bellas dimensiones de la visita, ignorada casi por completo, tiene que ver con el poderoso mensaje medioambiental de Francisco, que se convierte en una refrendación viva de su encíclica ‘Laudato Si’’, sobre el cuidado de la casa común, en el país más biodiverso del mundo por kilómetro cuadrado.
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