28 de diciembre 2020 , 01:23 a. m.


Hay un designio generacional evidente y perseverante.


Los últimos nombramientos en el gabinete dejan claro que de la mano del presidente Iván Duque una nueva generación está irrumpiendo en el servicio público. Fiel a su promesa, Duque está confiando muchas de las más complejas responsabilidades del Estado a unos jóvenes que venían formándose en la tecnocracia anónima, en los gremios, en la academia o en posiciones de segundo nivel en el Gobierno.

Sin trayectoria partidista, sin amplia experiencia electoral en la mayoría de los casos, estos altos funcionarios les responden al Presidente de la República y a la ciudadanía a sabiendas de que deben su cargo a sus tempranos méritos y a la decisión presidencial de ir formando una generación entrenada en el manejo de los asuntos del Estado, que se mantendrá activa y en primera línea por muchas décadas. No tienen hipotecas políticas ni cuentas por pagar con cargo a las nóminas estatales.

A diferencia de los líderes santistas más caracterizados, como por ejemplo María Ángela Holguín, Roy Barreras, Juan Fernando Cristo o Alejandro Gaviria, que habían ocupado posiciones importantes antes de convertirse en la guardia principal de Juan Manuel Santos, los jóvenes duquistas saltaron a la notoriedad pública con Duque, por Duque y gracias a Duque, quien los ha ido sembrando en todos los campos de la vida nacional.

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