10:30 p.m. | 26 de febrero de 2017

Perversos. No les duele que los pilos o las familias de policías y soldados aguanten hambre.

Creen que los estudiantes, casi niños, del programa Ser Pilo Paga no comen. Que viven del aire. O creen que el hambre es acumulable para redimirla cuando llegue la plata. “Tranquilo, dentro de tres semanas o al final del mes te hacemos el giro”, les decían los primeros días de febrero a quienes necesitan ese auxilio para sobrevivir en Bogotá, lejos de sus hogares humildes y buenos en regiones apartadas de Colombia.

Pero a la burocracia indolente eso no le importa. Porque ellos se limitan a hacer su programación presupuestal para las fechas que se les antojan. Cuando les da la gana. De malas, porque no quedaron los giros de Ser Pilo Paga en la programación de enero. Ni al comienzo de febrero, ni en la mitad de febrero.

Leer más

Recommend to friends
  • gplus
  • pinterest

Leave a comment