07 de agosto 2017 , 12:04 a.m.

En los cargos más importantes hay concesiones a políticos indeseables.

No sorprende que algunos ministros de probada incompetencia sigan frescos en sus cargos. Este último ajuste de gabinete no tenía como propósito alinear a los mejores para las faenas de cierre, sino darles contentillo a los congresistas para no perder el apoyo de las mayorías parlamentarias en una legislatura incierta.

Más allá de las explicables molestias que generan sus nombramientos, justo es reconocer que tanto María Lorena Gutiérrez como Germán Cardona y Jaime Pumarejo son personas competentes y de bien. Sin embargo, la nómina completa de colaboradores de primera línea en ministerios, viceministerios, gerencias, superintendencias, direcciones, consejerías y secretarías luce muy insuficiente para enfrentar los complejos desafíos que plantea el remate de gobierno. Hay excepciones, claro está.

Desde el arranque del gobierno, Santos apostó por sacrificar eficacia, capacidad de ejecución y cumplimiento de compromisos en muchos ministerios e institutos con tal de mantener el control del Congreso. Y para todo lo bueno y todo lo malo, su estrategia le ha funcionado con unas mayorías dóciles y complacientes. Los milagros de la ‘mermelada’.

 

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