11 de septiembre 2017 , 02:27 a.m.

Basta una persona buena para que haya esperanza, y esa persona buena puede ser cada uno de ustedes.

Que el Papa no necesita intérpretes lo dijo clarito el nuncio Ettore Balestrero, a quien tanto se le debe por el éxito de la visita del santo padre. Por eso, las palabras de Francisco no se deben convertir en un nuevo botín de polarización. El Papa interpeló a toda la dirigencia colombiana. Al Gobierno y a la oposición. A los funcionarios públicos, a los políticos, a los medios, a los obispos. Llenó de esperanza a los niños, a los jóvenes, a los enfermos, a las víctimas, a los más vulnerables y a los hombres y mujeres de buen corazón. Y, estoy seguro, estremeció a violentos, delincuentes y corruptos invitándolos a su transformación.

 Su visita, hermosa, esperanzadora, enternecedora, logró tocar el corazón de este país a partir de esa mezcla prodigiosa de dulzura y firmeza. Con lágrimas de gratitud, de alegría por haberlo tenido aquí y de tristeza por su partida, lo despedimos y sin propósito distinto de compartir con mis lectores algunas de sus frases que más hondo me llegaron, las dejo por aquí como un simple testimonio personal, convencido de que cada uno de ustedes habrá hecho su propia selección:

“Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos.

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