31 de agosto 2020 , 12:21 a. m.

Ojo. El covid está vivo en las calles, infectando y matando gente.

Seamos claros. El aislamiento obligatorio no se acabó porque le estemos ganando la batalla al coronavirus, sino porque el país estaba quebrándose, porque la situación social se tornaba cada día más explosiva y porque la crisis del empleo y la economía ya no aguantaba más. Creo que la justificación del fin de las cuarentenas obligatorias no debe pintar pajaritos de oro sobre la evolución del covid, pues hace que se baje la guardia frente a la prevención del contagio.

No tengo duda. El momento más difícil de la pandemia es este. Ya vamos rondando los 20.000 muertos, el número de contagios diarios sigue muy alto, el sector productivo está reventado; el desempleo, en máximos históricos; la economía, en mínimos históricos, y centenares de miles de compatriotas, desesperados por la situación.

Después de haber defendido una de las cuarentenas más largas del mundo, el Gobierno se vio forzado a abrir la economía, las industrias y el comercio, en un momento en el que las cifras del comportamiento de la pandemia, dicha sea la verdad, no producen ninguna tranquilidad. A duras penas, una leve mejoría agregada.

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