28 de octubre 2018 , 11:30 p.m.

Sin pelos en la lengua pone los puntos sobre las íes.

“El objetivo de la JEP es el análisis, acusación y juzgamiento de los delitos derivados del conflicto de las Farc con el Estado colombiano. Su objetivo y competencia no son los de revisar la doctrina vigente en Colombia en materia de extradición de narcos”, dijo Marta Lucía Ramírez esta semana. Preciso. Clarito. Contundente. Y puede hablar así porque no necesita pedirle permiso a nadie. A fin de cuentas, más de 10 millones de colombianos, por voto popular, le dieron esa legitimidad.

Y ya le había salido al quite con precisión análoga a cualquier pretensión de extenderle su período vicepresidencial. “Los colombianos nos eligieron para trabajar por el país durante los próximos cuatro años. Cualquier alteración en los períodos de gobierno actuales lesiona la institucionalidad y desconoce los términos del mandato democrático”.

Lo hizo bien. Ayudó a disipar sospechas y maledicencias en el sentido de atribuirle al Gobierno esos propósitos. Discreta pero eficaz, Marta Lucía Ramírez, además de cumplir con las tareas que le entrega el presidente Duque, desarrolla una maratónica agenda que no suspendió ni cuando los médicos le recomendaron quietud.

Su llegada a la Vicepresidencia debe servir como historia inspiradora para todos aquellos jóvenes que quieren participar en política pero temen a la capacidad corruptora de los políticos. Ella nunca se torció. Nunca le jugó a la corrupción. Luchó con firmeza por su espacio y soportó con toda dignidad las adversidades.

La recuerdo, en los momentos más duros de su carrera, cuando aguantaba todo el peso del gobierno anterior, que, a punta de ‘mermelada’, socavaba sus bases políticas hasta que la dejaron sola. Ella era su propia jefa de prensa, su jefa de giras y su coordinadora programática. Ella misma era su ‘comunity manager’ y su relacionista pública. Y su gerente financiera. Ella organizaba el evento. Asistía al evento. Lideraba el evento. Escribía el comunicado de prensa del evento y, además, lo enviaba cuando sus opiniones se estrellaban contra los muros de indiferencia de quienes la creían sepultada.

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