25 de septiembre 2017 , 12:59 a.m.

Se agota el ‘fast track’ sin que las Farc ni el Gobierno cumplan todos sus compromisos.

Cada cual tiene derecho a llorar sus muertos como quiera llorarlos. En la intimidad del hogar o en la calle ventilando recuerdos y sentimientos. Pero cuando se hace público el homenaje a un muerto y se promociona como acto con contenido político, sus oferentes inscriben el tributo en la contienda política polarizada y tienen que estar preparados con pacífica tolerancia para escuchar las voces de sus víctimas y sus contradictores.

Eso fue lo que ocurrió con el homenaje al ‘Mono Jojoy’, promocionado por las Farc, que a la postre se desarrolló como un cambio de ubicación de los restos, con la presencia de algunos jefes de las Farc y unas palabras de su hijo, quien, según este mismo diario, pidió perdón a Colombia “por la guerra”.

Era absolutamente predecible la indignación que generaría entre las víctimas de ‘Jojoy’ y en muchos sectores del país. Al fin de cuentas, cuando cayó abatido en un bombardeo en La Macarena, el 22 de septiembre de 2010, ‘Jojoy’ tenía más de 60 órdenes de captura, solicitud de extradición y sindicación por un extenso repertorio de delitos y crímenes de distinto pelambre, incluyendo los crímenes más atroces, los crímenes de lesa humanidad.

Leer más

Recommend to friends
  • gplus
  • pinterest

Leave a comment