04 de octubre 2020 , 11:53 p. m.


Quien peca y reza ante la JEP no debe empatar. Ha incumplido.


Para empezar, que quede claro, ninguna confesión de crímenes borra el incumplimiento de los acuerdos de paz en lo relativo a la verdad sobre el reclutamiento y el abuso sexual de menores. No puede la JEP tolerar la versión transicional del socorrido “quien peca y reza empata”. Quien miente en un caso, así confiese otro crimen, sigue incumpliendo los acuerdos de paz y por ende debe perder todos sus beneficios.

Y la JEP, que ha sido tan complaciente con ciertos comandantes de las Farc de estruendosa reaparición en una foto estridente con fusiles relucientes que estremece de dolor y de indignación a millones de colombianos, debería ser la primera en no bajar la guardia ante anzuelos de impunidad, confesiones contentillo o migajas de verdad.

Dicho eso, creo que es importante que las Farc aclaren y precisen todos los detalles relevantes, según ellos, sobre los hechos que rodearon el crimen de Álvaro Gómez Hurtado. En un país polarizado y radicalizado, la inclusión del magnicidio en esa declaración produjo reacciones muy encontradas. Así andamos hace rato. Sin embargo, en este caso, si repasamos la historia de enlaces criminales recíprocos tanto de las Farc como del cartel de Cali. Álvaro Gómez era, simultáneamente, una amenaza para las Farc y para el cartel de Cali.

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