19 de octubre 2020 , 02:18 a. m.


Libertad y orden, debería ser la consigna de todas las autoridades.

Cuando hay pánico en Europa por la virulencia del rebrote del coronavirus que amenaza con volver a sitiar al Viejo Continente y ruedan por los barrancos todas las afirmaciones que sostenían que las segundas oleadas del virus serían más benevolentes, en Colombia no hemos podido bajarnos del escabroso vecindario de las 180 muertes diarias.

Aunque algunas vacunas continúan avanzando, el acceso universal sigue percibiéndose como algo relativamente remoto… en el caso de Colombia, las contradicciones entre el vocero de la coalición del sector privado para la adquisición de vacunas, Gabriel Jaramillo, y el Ministerio de Salud producen angustia.

El doctor Jaramillo sembró el terror con sus declaraciones selectivas a sus medios amigos cuando afirmó que “en Colombia el plan de vacunación llegará en 2023”, mientras que el Ministerio de Salud no ha estado en capacidad de generar una respuesta confiable. En un trámite tan sencillo como el mensaje de urgencia para la ley de vacunas, aunque el propio Presidente lo había avalado, en el burocratizado y politizado Ministerio se demoraron como dos meses en tramitarla y esta es la hora en la que no se han dignado a enviarla al Congreso.

En materia de pruebas, nunca se logró garantizar ni la eficacia, ni la oportunidad ni el acceso democrático para las personas de menores recursos. Aunque algunas EPS mejoraron, ya se volvió paisaje la precariedad de los cercos epidemiológicos, el desdén frente a la toma oportuna de muestras y entrega rápida de resultados. ¡Qué miedo!

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