06 de julio 2020 , 12:42 a.m.

No podemos volver a cometer los mismos errores.

Por causa del coronavirus las agendas públicas quedaron patas arriba y empiezan a aparecer unos nuevos problemas, unas nuevas oportunidades y unas nuevas urgencias que deben reconfigurar nuestro mapa de prioridades con escalas obligadas en la protección medioambiental, el rescate del humanismo, el respeto por la ciencia y la investigación, así como la recuperación de un Estado al servicio de la ciudadanía. 

Ha quedado en evidencia que la desigualdad en Colombia tiene unos nuevos rostros y que reducir ese debate a un simple problema monetario y de distribución de riqueza es un grave error.

La primera manifestación de la desigualdad se expresa desde las primeras horas de un nacimiento, cuando no todos los niños tienen acceso a los micronutrientes suficientes para poder desarrollar cabalmente su cuerpo y su cerebro. Los niños que no recibieron la alimentación adecuada arrancan con desventaja en el partidor de la vida. El tema es de hambre, y Colombia se ha visto cara a cara con el hambre en estos días.

Una política nacional articulada de nutrición debe ser una prioridad. La alimentación balanceada se volvió un privilegio. Todos los programas de desayunos infantiles, alimentación escolar, soportes nutricionales, refrigerios reforzados y mercados regalados deben articularse coherentemente para dejar atrás este modelo de parches que deja un terreno abierto para la politiquería y para los criminales de cuello blanco que se lucran del hambre de los niños. 

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