04 de enero 2021 , 12:16 a. m.


Qué vergüenza y qué dolor el nuevo Puente Pumarejo, rodeado de tanta miseria.


En el 2022 se votará para elegir el nuevo gobierno, pero es en este 2021 cuando se definen y estructuran los elementos determinantes del nuevo mapa electoral. Para ir sin rodeos, si volvemos a escuchar desde el Ministerio de Hacienda propuestas delirantes de nuevas cargas tributarias para la clase media y más aumentos del IVA, vayámonos preparando para que la elección la gane una oposición radical y populista, independientemente de cuál sea el nombre del candidato.

Algunas vacas sagradas del neoliberalismo y la tecnocracia económica, y muchas terneritas y terneritos emergentes, siguen en la ronda de sus autoelogios buscando ‘likes’ de la banca multilateral y guiños de Washington para que luego les ofrezcan suculentos puestos bilingües, congratulándose por sus grandes ejecutorias, sin advertir los clamores ciudadanos, las voces de la inconformidad, la protesta social contenida y sin entender que en estos diez meses de pandemia la agitación social no se ha detenido y que los agitadores de oficio, expertos en sembrar resentimientos y odios, no han descansado ni un solo instante.

Uribe alguna vez dijo que lo suyo era trabajar, trabajar y trabajar. A este gobierno y a cada uno de sus ministros les corresponde cumplir, cumplir y cumplir. Se requieren las ejecutorias concretas, el contacto cercano con la base popular del país, la lucha por el afecto ciudadano y la capacidad de comprender a los jóvenes. Y, aunque suene a lugar común, no más PowerPoint, no más ‘renders’, no más comisiones de expertos

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