05 de febrero 2018 , 01:20 a.m.

Denunciemos todo acto de corrupción de los candidatos al Congreso.

Que buena parte de la plata que nos roban a los colombianos sea la que financie muchas campañas de congresistas explica en buena medida por qué tantas veces en los recintos parlamentarios se sacrifica el bien general por los intereses económicos de sus integrantes.

Porque muchos entienden el Congreso como una caja de herramientas para enriquecerse, como un instrumento de chantaje al Gobierno, y el producto de las extorsiones se materializa en cupos indicativos cuidadosamente asignados, en contratos y en puestos.

 Porque muchos saben que los gobiernos débiles tarde o temprano abren las compuertas para permitirles robar más cuando necesitan aprobar un presupuesto, una ley, una reforma tributaria o un acuerdo de paz, y saben que la inmensa mayoría de ministros de Hacienda, con excepciones que se cuentan con los dedos de la mano, tienen un doble rostro: por un lado, el del sereno, profundo, lúcido y elocuente economista y por el otro, el de habilidoso, manzanillesco y manipulador politiquero de partidas ocultas para cuadrar las mayorías que el gobierno de turno requiera.
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