18 de enero 2021 , 12:37 a. m.


Que la oposición sea vigorosa pero propositiva, leal con el país y patriótica.


En otros momentos de nuestra historia solía usarse como expresión genérica ‘la oposición’ porque se sabía quiénes estaban con el Gobierno y quiénes no. Hoy, la cosa es muy distinta. El Estatuto de la Oposición, aunque necesario instrumento largamente esperado, no logró tener la contundencia necesaria para doblegar la feria de adhesiones, negociaciones, contubernios y pactos burocráticos que se esconden tras las tres categorías políticas recogidas en el mismo Estatuto, de manera que hoy es muy difícil identificar a todos los del Gobierno, a todos los independientes y a todos los de la oposición.

Es claro que Gustavo Petro es oposición. Es el jefe de la oposición al Gobierno Nacional. En esa condición asumió su curul en el Congreso, y así lo ha ejercido. Y tiene un enorme espacio político. Pero ni siquiera sus propias listas se salvaron de las filtraciones y deserciones. Más se demoró el senador Manguito en contestar a lista que en adherir a las toldas del Gobierno.

Y muchos de los aliados circunstanciales de Petro para la segunda vuelta hoy son sus enconados enemigos y adversarios, como la dupla Claudia y Angélica, donde la senadora juega un papel determinante en la construcción de una coalición antiduquista y antipetrista.

En esa coalición pueden estar confluyendo líderes santistas con líderes exfajardistas, con el propio Fajardo, con claudistas, con Roy Barreras, Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Iván Marulanda, Robledo y un grupo importante de los ‘verdes’. Están en la oposición de Duque y no quieren apoyar a Petro. Por eso, para que su proyecto político sea viable, necesitan que Duque fracase, pero no tanto como para dejar el país en brazos de Petro. Que fracase, pero no mucho.

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