01 de noviembre 2020 , 10:26 p. m.


Si siguen siendo tacaños con el gasto social, nos pueden llevar al abismo.

Aunque talentosos, estudiosos y honestos, muchos de nuestros macroeconomistas de élite están resultando altamente peligrosos para la estabilidad social, institucional y política del país, con su dogmática y ortodoxa terquedad.

Para la muestra un botón: la interesante entrevista que le concede el saliente gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, al analista sénior de este diario, Ricardo Ávila. Echavarría es hombre decente e inteligente que solo ha pretendido acertar y servir. Es un caballero a carta cabal y además debe recibir toda la solidaridad ante el difícil momento familiar que atraviesa.

Pero, en lo referente a las políticas económicas, como dice el dicho popular, de buenas intenciones está tapizado el camino al infierno. Las respuestas del doctor Echavarría dejan en cruda evidencia que en la junta del Banrepública no se ha entendido cabalmente la magnitud cotidiana de la tragedia de desempleo, pobreza, desigualdad e inconformidad social que se vive en los hogares.

Es como si el mandato de independencia frente al Ejecutivo, que en buena hora recibió la junta del Banco con la Constitución de 1991, fuera una licencia para la indiferencia y la lentitud. Y, advierto, profeso enorme respeto por los miembros de la Junta, pero los veo como los habitantes de una burbuja protegida en la Jiménez con séptima a la que no le llegan los clamores de los microempresarios quebrados, de los industriales en dificultades, de los padres desempleados, de los niños con hambre.

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