25 de noviembre 2018 , 11:30 p.m.

Se requiere una coalición interpartidista virtuosa. Ojalá se logre.

No es fácil de comprender que muchos de los que gritaban que se requería un presidente que despolarizara el país ahora estén criticando a Duque por tratar de hacerlo. Tampoco se comprende que muchos de los que criticaban a Duque por ser supuestamente títere de Uribe ahora lo critiquen porque unos sectores radicales del Centro Democrático no lo apoyan.

Y mucho menos se explica que quienes decían que a la llegada de Duque se consumaría la revancha del uribismo contra los ‘militares santistas’ ahora se quejen porque Duque, después de los logros del Plan Diamante y ‘El que la hace la paga’, no ha cambiado la cúpula militar.

Los ejemplos abundan. A lo largo de los últimos años retumbó el clamor contra la ‘mermelada’, que les dejaba a muchos parlamentarios cuantiosas utilidades criminales por partidas ocultas para contratar con sus compinches, y ahora que se ha cerrado el ‘mermeladucto’ entre Minhacienda y el Congreso, algunos reclaman porque no se pupitrean los proyectos, como se hacía antes.

Y se convirtió en letanía la queja generalizada contra Santos porque solía ignorar las movilizaciones sociales (“el tal paro no existe”) para luego levantarlas a punta de promesas incumplibles. Ahora que Duque ha mantenido una postura de escucha respetuosa frente al movimiento estudiantil, y que, con la olla raspada y los problemas heredados, se ha propuesto encontrar una solución responsable, lo critican porque no les ha prometido a los estudiantes nada que no sea cumplible. Y los paros siguen.

Lo cierto es que el Presidente gobierna con sus propios criterios y su propio estilo, ejerciendo un liderazgo sereno y tranquilo, sin estridencias. Lo ha demostrado abriendo una causa multilateral frente a la tiranía venezolana de Maduro que ya han seguido hasta los gobernantes de Francia y Canadá. Duque decidió transitar el más difícil de todos los caminos políticos: el de restablecer el principio de la independencia de poderes. Y eso es lo correcto. Eso es lo que necesitaba Colombia. Esa es la única vía para articular una estrategia integral anticorrupción.

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