24 de junio 2018 , 11:00 p.m

Avanzar hacia una paternidad verdaderamente responsable se ha convertido en un imperativo.

El Día del Padre debería ser el día de la paternidad responsable, en este país donde proliferan el maltrato, el abandono y el abuso. Y que conste que me parece bien que a los buenos padres, a los que son responsables, amorosos, afectuosos, comprometidos y diligentes, les celebren su día, pero creo que las características colectivas del festejo en Colombia pueden conducir a que se pierda de vista la gravedad de los fenómenos de ausencia paterna y presencia violenta que se están presentando.

Y es justo y necesario que se reconozca a todas esas mujeres valientes, tiernas, perseverantes e invencibles que son, a la par, papá y mamá. A todas esas mujeres a quienes por distintas circunstancias de la vida les ha tocado, solas, sacar adelante a sus hijos a punta de empuje, ganas, sacrificio y amor.

Los patrones machistas en nuestra sociedad, particularmente severos hasta las generaciones que hoy tienen 50 años o más, condenaron a muchos hombres a renunciar o limitar su ternura e involucramiento en la dulce crianza de los hijos. Estaba mal visto e, incluso, se juzgaba como inconveniente que un padre ayudara a cambiar los pañales de un bebé, lo bañara, lo vistiera o le diera la sopa. Para eso, decían, estaban las mujeres.

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