02 de agosto 2020 , 10:26 p.m

La vacuna, cuando esté, debe ser gratis para los más pobres.

Por el bien de Colombia, por fin empieza a tramitarse en el Congreso la ley de vacunas, gracias al representante Ricardo Ferro. En vez de andarle gastando tiempo a tanta iniciativa inútil, el Gobierno debería concentrarse en sacar adelante este proyecto que construye la única ruta posible si queremos que los colombianos podamos tener acceso a una vacuna cuando ella esté lista.

El proyecto, inspirado en el principio de universalidad de acceso a la vacuna, priorizando a los más vulnerables, respeta los dictámenes de la ciencia, contempla rutas prácticas para tener vacunas y lleva implícito el principio de gratuidad para quienes no tienen recursos para pagar la vacuna.

Lo bueno del proyecto, en contraste con algunas erráticas declaraciones oficiales de la última semana, es que entiende que la solución no es simplemente salir a las carreras con una bandera populista de la gratuidad de la vacuna ni a tratar de meter a la brava la vacuna contra el covid-19 en el esquema nacional de vacunación. Y es que no hay discusión. La vacuna tiene que ser gratis para los más pobres. Punto.

Pero ¿cuál es la vacuna que quieren regalar si ni siquiera saben cuál funcionará ni cuánto va a costar? Dicen que las vacunas chinas costarían menos de 5 dólares, otros laboratorios la pueden anunciar a costo de producción y otros, a entre 10 y 20 dólares; y Moderna, por ejemplo, en Estados Unidos, dice que podría valer alrededor de 60 dólares cada dosis.

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