17 de febrero 2019 , 11:46 p.m.

Lucen tímidas e insuficientes las medidas para recortar gasto suntuario.

Tal como se advirtió, la cojera estructural de la ley de financiamiento, aprobada a los trompicones en el Congreso, mantiene viva la voracidad fiscalista de quienes, suponiendo desfinanciadas las arcas públicas a partir del 2020, prefieren meter las largas manos del Estado a los bolsillo de los sectores más vulnerables en vez de emprender una poda fuerte, racional y eficaz en los gastos suntuarios y la burocracia del Estado.

Por ese camino han convertido el Plan de Desarrollo en una extensión de la ley de financiamiento, en tanto lo están utilizando como máquina tapahuecos. No. No es para eso. Como tampoco pretendió la Constitución que el Plan de Desarrollo se convirtiera en el carnaval del mico a partir de una galería inconexa de artículos embutidos a la brava por todos y cada uno de los ministerios, institutos, gerencias, consejerías y dependencias del Gobierno con palanca en Planeación Nacional.

Los ejemplos abundan: subsidiar el gas en pipetas en ciertas zonas del país es, esencialmente, una medida ambiental para reducir el estímulo a la tala indiscriminada de árboles maderables donde la gente cocina con leña. Si no llega el gas natural, si no hay adecuado suministro eléctrico, el gas en pipetas es la alternativa, de manera que esos pesos, que son pocos, tienen un elevado retorno medioambiental. Lo están poniendo en peligro. Error.

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