07 de abril 2019 , 11:04 p.m.

Hay derrotas que enaltecen y triunfos que incineran.

Nos encontramos aquí reunidos, amables lectores, para asimilar el viaje final y definitivo de las objeciones presidenciales a la ley estatutaria, hasta su última morada.

Ni un minuto de silencio se tributará en su memoria, pues la deplorable partida del ídolo popular Pastor López, a quien tanto quisimos y con quien tanto gozamos, concentrará todo el espacio para lutos y obituarios en los recintos parlamentarios durante la próxima semana. Por eso, este modesto réquiem, cuando es inminente su hundimiento, para recordar a estas tristes hermanitas abandonadas, abusadas y malqueridas.

A estas alturas, solo las podría salvar un milagro parlamentario que conduciría a la canonización de san Ernesto del Huila o santa Nancy Patricia de todas las mingas. Pero no es culpa de ellos. Las criaturitas nacieron moribundas y fueron, desde la cuna, víctimas indefensas de ataques múltiples. 

Ellas partirán para siempre a través de esa caverna tenebrosa del archivo parlamentario, donde dormirán su sueño eterno por los siglos de los siglos, en esas bóvedas frías a donde también fueron remitidos los cadáveres insepultos de 17 reformas de la justicia, 6 reformas pensionales y un incalculable número de proyectos que pretendían salvar esta patria adolorida. 

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