10 de diciembre 2017 , 11:54 p.m.

El Estado debe proteger a las valientes denunciantes de abusos sexuales de las Farc, de Rosa Blanca.

La valiente Sara Morales, con dignidad, con firmeza, con coraje a pesar de que no cuenta con protección oficial (que deberían brindarle inmediatamente), ha venido contando su historia escalofriante, que se convierte en un verdadero compendio de las atrocidades humanas, de las atrocidades sexuales cometidas por las Farc.

La semana pasada la conocí. Conversé con ella. Es una mujer inteligente, elocuente; se le nota su experiencia como locutora de La Voz de la Resistencia, la emisora de las Farc; canta rancheras, no titubea, tiene claridad, dice las cosas como las siente y, sin alimentar odios, pese a que padeció en carne propia todos los horrores, todos los abusos, habla de un futuro mejor y de su infinito amor de madre.

La entrevisté en mi programa en el canal Red Más, y me llevó desde la máxima indignación, con su descripción pormenorizada sobre la forma como eran reclutados niños y niñas de 9, 10, 11 años y luego convertidos en premio sexual dentro de las Farc, hasta la mayor alegría en el momento de revelar que después de su deserción voluntaria de las Farc antes del proceso de Cuba, tiene sueños e ilusiones que pasan por estudiar comunicación social, periodismo y ciencias políticas.

Sara relata su escape con entusiasmo cinematográfico, llevando de la mano a un menor y defendiéndose en medio de una plomera con su AK-47. La sentencia de muerte para el desertor era inapelable, dijo. Y me habló del ‘campamento aborto’, como le decían al centro de abortos forzados del Magdalena Medio. Y me habló de Rosa Blanca, la corporación formada recientemente por niñas y mujeres víctimas de las Farc por violaciones y abortos forzados.

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