21 de agosto 2017 , 01:07 a.m.

Ni este Congreso es capaz de autorreformarse ni podemos resignarnos ante la corrupción reinante.

No tengo duda. Colombia necesita una constituyente. Este perverso entramado de complicidades y corrupción en el que, no obstante las excepciones virtuosas, terminó convertido el Estado colombiano no es capaz de autorreformarse. No nos engañemos más. Las reformas que necesitamos no llegarán de la mano de quienes tienen secuestrado el poder. No podemos seguir condenados a este régimen, que cada día resulta más pestilente y dañino.

Sin embargo, lo único más deplorable para Colombia que resignarnos a que los mismos sigan con las mismas, destruyendo el país y robándose la plata del pueblo, es que se convoque una constituyente mediante reglas que trasladen a esa asamblea los mismos vicios que hoy nos asfixian. Si a la constituyente van a llegar los mismos que hoy llegan al Congreso, mejor abandonar la idea. La pregunta es de fondo: ¿seremos capaces de evitar que la clase política de hoy se tome la constituyente?

¡Claro que somos capaces! Depende de las reglas. Si se adelanta una elección de constituyentes calcando lo que se aplica para elegir congresistas hoy, el resultado será nefasto y conducirá inexorablemente a los testaferratos políticos en cabeza de cónyuges, padres, hermanos, parientes o subalternos de los que hoy ocupan las curules. Las reglas para elegir constituyentes deben ser diferentes de las que se han aplicado para elegir congresistas.

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