13 de noviembre 2017 , 02:23 a.m.

Urge garantizar la confianza frente a reglas del juego básicas.

Lo que genera incertidumbre y desconfianza entre los inversionistas, los empresarios y los ciudadanos en general es que, de la mano de un gobierno improvisador que no hace valer ni siquiera la palabra del Presidente, se acabaron las reglas de juego.

Hoy desde Abu Dabi, mañana desde cualquier lugar del mundo, el Presidente manda mensajes abstractos en inglés y en español como si reinara en vez de gobernar, perfectos para despertar aplausos circunstanciales en los salones repletos de extranjeros desinformados sobre Colombia, donde le cuelgan medallas y brindan con champaña. Ya lo trinó ‘Actualidad Panamericana’ con su sarcástica agudeza tuitera: “Corregimiento de Tumaco logra que Santos lo incluya en su agenda al ofrecerle falsa entrega de doctorado ‘honoris causa’ ”.

Lo dijo también, y muy en serio, Antonio Caballero en ‘Semana’: “Y de parte del Gobierno, en fin, qué frivolidad. El presidente Juan Manuel Santos se va de paseo a tierras extrañas para que le den premios y más premios por una paz que se está hundiendo en la suya”. (Lo dice, valga aclarar, tras una fuerte andanada contra congresistas que eran del Gobierno cuando se firmaron los pactos y que ahora “dejan que en el Congreso se derrumbe la JEP no por convicción: por interés y por codicia. Porque quieren venderse. Porque quieren negociar sus votos a cambio de más puestos y más contratos”).

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