26 de agosto 2018 , 11:25 p.m.

Urge recuperar reflexión ética cotidiana desde la niñez.

Para que la lucha anticorrupción sea eficaz es indispensable comprender que, a manera de condición previa, debe estructurarse un sistema nacional de integridad que involucre a toda la sociedad, las distintas ramas del poder público y los órganos de control de manera que opere como un guardián de la virtud, la honestidad y la transparencia en nuestra sociedad.

Sin duda, las normas anticorrupción son importantes. Cómo no. Muy importantes. Pero son solamente uno de los componentes que el sistema nacional de integridad debe tener activados para blindar la moral colectiva. En Colombia tenemos la propensión a sobrevalorar lo jurídico, lo legal y, peor aún, tenemos la mala costumbre de embarcarnos en complejísimas faenas para hacer aprobar normas que luego no se cumplen.

Unas normas adecuadas orientan y encauzan la sociedad por mejores caminos, y por eso hay que trabajar para que se adopten cabales decisiones con valor jurídico. Pero si antes en la sociedad no hay una convicción ética arraigada, la ley será objeto de burlas, esguinces o asaltos. Y ello solo se logra si desde la educación inicial está presente la reflexión ética.

“Todo indica que la ética es el gran reto de nuestro tiempo”, dice en su nuevo libro, ‘Ética y juventud’, la profesora Alejandra Fierro, quien bien advierte que el centro de la ética es la administración de la libertad. ¿Cómo lograr que la administración de esa libertad que cada uno tiene y merece nos conduzca por caminos de virtud? O, dicho de otra manera, ¿cómo evitar que una errada administración de la libertad individual nos conduzca por caminos colectivos de trampas generalizadas, defraudaciones y corrupción?

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