22 de noviembre 2020 , 11:37 p. m.


¡Por fin se aprobó la imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores!


El fantasma de su delito los perseguirá hasta el último día de su vida. Quien viole a una niña, quien viole a un niño no volverá a tener descanso. Por fin se ha aprobado la ley de imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores y tras votaciones unánimes, ya solo faltan una conciliación sencilla y la sanción presidencial

Cuando un menor es abusado sexualmente y el abusador es alguien de su entorno familiar próximo, el papá, por ejemplo, o el abuelo, o el tío, o el novio de la hermana, o el hermanastro, o el padrastro, así como cuando se trata de alguien que en vez de violar a la víctima debía protegerla, como el párroco, el pastor, el maestro o el entrenador, en la inmensa mayoría de casos el menor no entiende qué pasó. Hay dolor, confusión, perplejidad, sentimientos mezclados.

Son innumerables los casos de menores que prefirieron callar antes que contar lo que les ocurrió por temor a que a su ser querido (que en realidad es su verdugo) fuera castigado o encarcelado. Como innumerables son los casos en los que el violador chantajea emocionalmente o con dinero, amenaza, intimida, asusta, confunde a su víctima. Y, tristemente, también ocurre a veces que las madres no creen, son complacientes o son también víctimas de la amenaza, el miedo o la confusión.

Y por eso resulta tan frecuente que la decisión de interponer una denuncia contra el adulto agresor se produzca cuando la víctima tiene sus propios hijos y en la fragilidad y vulnerabilidad de sus pequeños ve retratada su tragedia y entiende la inmensidad del daño que les propinaron y la monstruosidad del delito del que fueron víctimas. En la gran mayoría de esas situaciones, la denuncia podía tener un efecto social, mas no jurídico, pues la acción penal prescribía, es decir, que el paso del tiempo la anulaba y el violador se salía con la suya.

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